BOLETIN No. 1

LAS MATERIAS DE LA INTELIGENCIA


Dr. José Ricardo Hernández Gómez
Doctorando Antropología de Iberoamérica
Doctorando Derecho Procesal.
Universidad de Salamanca - España

El objeto de atención de la inteligencia está formado por los numerosos y diversos riesgos que amenazan la seguridad de los Estados democráticos: el potencial militar, económico y tecnológico de los Estados no democráticos, los Estados que apoyan y apologizan el terrorismo y los grupos subversivos, el crimen organizado global, el terrorismo internacional, el ciberterrorismo, la infoguerra, la diseminación y la proliferación de armas bacteriológicas, químicas y nucleares, los flujos migratorios descontrolados, los desastres ecológicos, los conflictos en torno al control del acceso a los recursos, la expansión de fanatismos ideológicos y religiosos, entre otros.

 

Los servicios de inteligencia se ocupan de obtener y analizar información sobre todos estos asuntos, ampliando de este modo su tradicional foco de atención centrado en el conocimiento de la capacidad militar y tecnológica de un Estado o grupos de Estados percibidos como blancos o rivales, concepto predominante durante la guerra fría. Los servicios de inteligencia, como apuntaba en 1997 Javier Calderón, deben suministrar información no sólo militar, sino también política, económica, cultural, social, religiosa, tecnológica entre otras,  ya que las amenazas y los enfrentamientos se producen en esos ámbitos[1]. Los Gobiernos suelen especificar formalmente las materias de su interés en las directivas nacionales de inteligencia, destinadas a orientar la acción de los servicios de inteligencia, por lo que éstos suelen actuar a demanda, con un objetivo predominantemente preventivo.

 

El aumento de la variedad y la complejidad de las materias de la inteligencia proviene de la aparición y el desarrollo de la noción multidimensional de seguridad. En principio, aunque los servicios de inteligencia tienen como campo específico la información y evaluación de amenazas contra el Estado y los intereses Nacionales dentro y fuera de sus fronteras, son el apoyo a la política exterior, y cualquier asunto puede ser objeto de su atención. Así, en los últimos años son ámbitos crecientes de sus actuaciones la lucha contra el delito común, el delito trasnacional (narcotráfico, lavado de dinero, testaferrato, redes delicuenciales), el tráfico ilegal de inmigrantes y el espionaje económico, científico y tecnológico. No obstante, debemos tener cuidado en no confundir la inteligencia para la Seguridad y la Defensa Nacional, con las “inteligencias” desarrolladas por otros servicios del Estado, aunque se ocupen de obtener y evaluar información sobre asuntos similares, ya que actúan en sectores diversos y obedecen a fines distintos. Así, por ejemplo, la denominada “inteligencia económica” se centra en el sector productivo y comercial y los actores económicos de un Estado o una Región, representando una evolución de las diferentes prácticas de vigilancia científica, tecnológica, comercial, y jurídica y de protección del patrimonio ensayadas desde mediados del siglo XX[2]

Es de resaltar que  los servicios secretos se preocupan de aquellos aspectos de la economía vinculados con la seguridad, evaluando los riesgos que de ese ámbito pueden provenir para la integridad y la soberanía nacional, entonces se colige una total sinergia entre unos y otros.

 

De acuerdo con su marco de actuación, se suele distinguir entre inteligencia exterior: destinada a conocer las fortalezas, las debilidades y las posibles líneas de acción de otras naciones y organizaciones o grupos foráneos; inteligencia interior: dedicada a obtener conocimiento sobre personas y grupos organizados que actúan dentro de la nación contra la estabilidad de las instituciones, generalmente por medios violentos; y contrainteligencia, orientada principalmente a descubrir y neutralizar la actividad de los servicios de inteligencia extranjeros dentro del país.

 

Sin embargo, esta división entre tipos de inteligencia, que se manifiesta en la estructura de los servicios de inteligencia de numerosos estados y que desde un punto de vista didáctico es muy útil para la comprensión de su acción, ha entrado en crisis con la multiplicación de las realidades de las que deben ocuparse estos servicios y el desarrollo del fenómeno histórico de la globalización. Por ejemplo, las diferencias entre terrorismo nacional e internacional son en muchos casos inexistentes y/o existen estrechas conexiones con otros asuntos como el tráfico de armas y de drogas y el lavado de activos.

 

Asimismo, no es correcto identificar la información estratégica producida por los servicios de inteligencia con la inteligencia militar, ya que esta sólo es una especie de la primera practicada por las Fuerzas Armadas, orientada a la organización de la defensa militar, a la vigilancia del ejército de un enemigo potencial o real y a la preparación y el desarrollo de operaciones. Las diferencias no radican ni en las fuentes ni en el modo de trabajo ni en el carácter civil o militar de los miembros de los servicios de inteligencia, sino en el objeto, el ámbito de actuación y el uso de la inteligencia.

 

 

 

La información como conocimiento

 

 

El segundo carácter de la naturaleza de la inteligencia es que no es una simple suma de datos recopilados a partir de diversas fuentes, sino que es el producto de un determinado modo de conectar y analizar esos datos por parte de los analistas de los servicios de inteligencia, para descubrir, comprender y valorar los hechos a los que remiten y prever su posible evolución, con el fin de suministrar conocimiento especializado y estructurado que permita al Estado tomar decisiones adecuadas y reducir los riesgos inherentes a toda acción. La información no es en sí misma inteligencia, sino solamente su materia prima. En consecuencia, las claves para la producción de inteligencia se encuentran por igual tanto en la obtención de información como en el proceso de transformación de esta en conocimiento listo para ser utilizado como sostén de una decisión.

 

Estas tareas de obtención, tratamiento, análisis, evaluación,  transmisión y uso de información pueden entenderse como un típico proceso de gestión del conocimiento.


De ahí que definamos a los servicios de inteligencia como un organismo cuya razón de ser es crear un eficaz sistema de información, aplicando los procedimientos e instrumentos de la gestión del conocimiento, con el fin de suministrar al Estado conocimiento para la comprensión de su entorno, el ajuste de su estrategia, la adopción de medidas de intervención e influencia en la realidad y el desarrollo de operaciones de información y desinformación y de contrainteligencia en el terreno de la Seguridad y la Defensa Nacional[3]. Por consiguiente, a diferencia de la mayoría de los departamentos y oficinas del Estado, donde la gestión de la información es un mero elemento auxiliar de su acción principal, esta es la función y el instrumento fundamental de un servicio de inteligencia.

 

El servicio de inteligencia es una unidad de producción, integración y circulación de conocimiento.

 

 

El Secreto

 

Como apunta Herman, el secreto es el sello de la inteligencia: la base de su relación con el  gobierno y la sociedad y de su propia autoimagen[4]. La actividad de recolección de información sobre la que descansa la posterior labor de los servicios de inteligencia es fundamentalmente clandestina, no ilegal, por el carácter de sus materias, de lo que se deriva la necesidad de proteger y mantener ocultas sus misiones, sus agentes, sus fuentes, sus métodos e instalaciones. También es necesario salvaguardar del público el conocimiento de alto valor agregado, elaborado a partir de esa información, tanto por el carácter y la importancia de las decisiones que se deberán adoptar con éste como para no revelar a los posibles enemigos contra los que se actúa, que se dispone de él.

 

Lo secreto es un rasgo esencial de la naturaleza de la inteligencia para la Seguridad y la Defensa, por lo que, como apunta el ex agente de la CIA, Win L. Taplin, es redundante hablar de inteligencia secreta, ya que el adjetivo se encuentra implícito en el sustantivo[5].

 

Esto no significa que la inteligencia no utilice fuentes de información públicas, o que no exista una Inteligencia Abierta cuya importancia se ha revalorizado en la actualidad debido a la variedad de asuntos de los que se ocupa[6], o que no puedan participar en su creación expertos externos a los servicios de inteligencia; sino que en algún momento del proceso, la información elaborada debe ser clasificada como secreta y enviada por canales exclusivos a las autoridades pertinentes. Pero el secreto no es un valor de clasificación absoluto, sino que es relativo y tiene diversos grados, ya que la protección que se da a cada elemento del proceso de producción de inteligencia no es siempre el mismo y, además, puede variar en el tiempo, de acuerdo con la evolución de factores internos y externos a los propios servicios de inteligencia.

 

El Debate es cómo conciliar el necesario carácter  secreto de la inteligencia, que garantiza el cumplimiento de su misión, con consideraciones Constitucionales particulares de un libre espacio público de comunicación y de derecho a la información entre otros; la misión Constitucional  de las Fuerzas Armadas y la prevalencia del interés General, no admiten razonamiento.  



[1]CALDERÓN FERNÁNDEZ, JAVIER. “El CESID y la Seguridad Nacional en España”. En “Seguridad, Ejércitos y Secretos de Estado: V Curso Internacional de Defensa (Jaca, del 16 al 26 de septiembre 1997)”. Zaragoza,  Academia General Militar, 1998, pp. 159-172.

 

[2]CLERC, PHILLIPPE. “Inteligencia económica: retos actuales y perspectivas”. En “Informe mundial sobre la información 1997/98”. Madrid, UNESCO; CINDOC, 1997, pp. 322-335.

 

 

[3] ESTEBAN NAVARRO, MIGUEL ÁNGEL y NAVARRO BONILLA, DIEGO. “Gestión del Conocimiento y Servicios de Inteligencia: la dimensión estratégica de la información”. En “El Profesional de la Información”. 2003, vol. 12, nº 4, pp. 269-291.

 

[4] HERMAN, MICHAEL. “Intelligence Services in the Information Age”. Londres, Frank Cass, 2001, p. 5.

 

[5] TAPLIN, WINN L. “Six General Principles of Intelligence”. En “International Journal of Intelligence and Counterintelligence”. 1989, vol. 3, nº 4, pp. 475-491.

 

[6]STEELE, ROBERT DAVID. “On intelligence: spies and secrecy in an open world”. Oakton (Virginia), OSS International Press, 2001. STEELE, ROBERT DAVID. “The new craft of Intelligence: Personal, Public, and Poltical”. Oakton (Virginia), OSS International Press, 2002.

 

 

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